Monday, November 9, 2009

No atiendo a gente como vos

Tipo parco y de sonrisa amarreta. El mojarra ignora a quienes no considera dignos de su tiempo.


- Esta roto –dijo, sin siquiera levantar la vista del culo de la chica que en ese momento abandonaba el local.

- Como que está roto? Si tiene menos de tres horas de activado – conteste con algo de impaciencia.

- Mira guey, si te digo que está roto es porque está roto. Si no me quieres creer, pues es tu problema. Ahora vete, quien sigue? –pregunto

- Pero acá tengo el recibo y la garantía dice que–intente contrarrestar

- El próximo –interrumpió.


Lleno de ira me volví a sentar. Había invertido considerables ahorros en el equipo y estaba decidido a hacer que este tipo me lo cambiase. No era cuestión de caernos bien o nada. Simplemente quería salir con el teléfono andando y tenia bien claro que ponerme en pie de guerra no iba a ayudar. Montar un escándalo era probablemente la peor manera de resolver el asunto. El mojarra termino de atender a su cliente y atendió otros nueve mas esa tarde. Nunca se digno a levantar su mirada ni a dar la menor muestra de interés.


El local no era muy grande. El sol de la tarde entraba por el ventanal y obligaba a bajar un cuarto de cortina entre las 4 y lahora de cierre en verano. Todo el interior estaba decorado con los colores amarillo y rojo de la compañía que representaba. Planes y fotos de teléfonos se mezclaban con fotos de artistas y figuras del espectáculo que tenían contrato con la compañía y algunas más personales de este tipo con otra gente que parecía ser su familia. Todo con el marco amarillo deprimido del desierto de fondo y sin edad cierta, fotos que podían haber sido tomadas ayer mismo o hace veinte años. Todas con los colores del local, como sponsoreadas por la misma compañía que ahora representaba. Alli en las paredes estaban la corredora y la cantante de rock, y entre medio se podía divisar a una mujer madura de rostro melancólico con rasgos similares a los de él. También una con dos morenitos de dientes grandes que sonreían y a los que, prestando atención, se podía adivinar como su prole. En una mas estaba el mojarra con otro tipo, uno de mirada ausente y sombrero de ala, como quien esta mas lejos de su cuerpo que lo que el momento le permite. El mojarra estaba a pura cara de culo en todas sin excepción, cuestión de consistencia.


Fue una tarde bien ocupada. Era fin de mes y todo el mundo quería cambiar o dar de alta un servicio nuevo. Repartido entre el teléfono celular, por el que hablaba casi todo el tiempo, la computadora y los eventuales clientes, el mojarra no paro un segundo. No tomo agua, no fue al baño, no desvió la atención de su trabajo ni por un segundo. Paso toda esa tarde sin siquiera volver a dirigirme la palabra. Algunos clientes, los más viejos, no necesitaban preguntarme qué hacia ahí sentado, con la bolsa del celular, el recibo en la mano, y una cara de frustración que me llevaba. No, ellos sabían y reían.


Me tomo un tiempo tranquilizarme. Tenía un objetivo en mente y no me importaba el cómo. Encendí mi computadora y me dedique a trabajar desde una de las sillas del local, saque carpetas colgantes que tenían nombres rotulados y muchos formularios dentro y las apoye en la silla de al lado; me saque la corbata, abrí un agua mineral y decidí hacer algo productivo de la espera. Después de todo, salvo el teléfono, del que me quejaba cuando estaba en la oficina, tenía todo lo necesario para hacer lo que tenía que hacer y no atrasarme con ningún crédito.


Pasaron más de dos horas en las que entraron y salieron mozos, cocineros, familias con niños pequeños y otros no tanto. Trabajadores de la construcción y contratistas. Toda raza, como le gustaba decir.


Afuera la temperatura era infernal y el sudor de la entrada y salida se comenzó a acumular en la sala en la que claramente desentonaba. Fue una tarde larga.


A punto de cerrar, levanto la vista y pregunto:

- Que andas esperando ahí? No te dije que estaba roto? Aire, ya vete.
- Me iría con mucho gusto, pero si me seguís faltando el respeto primero te bajo los dientes y después te denuncio a la compañía para que te levanten la licencia.
- Güero de mierda -mascullo. Dame el pinche aparato y déjame pegarle otro vistazo.


Sin esperar respuesta se salió del mostrador por una apertura disimulada y sin detener su marcha, paso a menos a centímetros míos en dirección a la puerta. Cerró el seguro, apago el letrero de “Open”, y ya devuelta tironeo el aparato de mi mano y se puso a desarmarlo ahí, enfrente mío, sin mucho cuidado y sin permiso.


Hablaba por teléfono con su receptor de manos libres todo el tiempo, difícil definir si era personal o negocios, lo hacía en ese volumen que molesta pero no transmite, lo que impedía cualquier comunicación de mi parte. Así paso otros veinte minutos, mascullando y desatornillando. Luego de un rato de forcejear y mover con sus instrumentos, sonó un click y un resorte salto del interior del teléfono. El mojarra se frustro, corto con su interlocutor y me pidió que volviese al otro día, que ya no tenía tiempo. Le pregunte que a qué hora, y el contesto que a cualquiera, que no importaba, que si quería el aparato que volviese y que sino pues que no era su problema. Y sin más me empujo a la puerta.


Cruce la calle, entre al restaurante, me senté en la barra y pedí una cerveza bien fría. Los televisores del bar estaban transmitiendo un partido de copa de campeones. No pasaron más de veinte minutos cuando entro el mojarra. No saludo a nadie y nuevamente en el teléfono se sentó al lado mío y con una mirada consiguió un whisky doble y casi sin hielo.

- Te equivocaste de local –dijo, sin mirar.
- Que?
- Que te equivocaste de local.
- Por que me decis eso? Vos nos estas con la compañía?
- Si, pero no atiendo a gente como vos.
- Por que no?
- Por que no.


Me pedi otra cerveza entendiendo que el tipo necesitaba hacer un descargo.

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